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01/ LA MEDICIÓN DEL TIEMPO.

Updated: Aug 4, 2019


Se conoce como tiempo a la duración de las cosas sujetas a cambio que determinan las épocas, períodos, horas, días, semanas, siglos, etcétera. Sin "cambio" no existiría el tiempo.


Desde que el nacimiento de la humanidad el hombre ha intentado racionalizar y medir el fugaz concepto del tiempo. No pretendemos, desde estas líneas, profundizar demasiado en este intrincado concepto ya que ocuparía gran parte de nuestro modesto trabajo, sin embargo, entendemos la necesidad de convencer al lector de la elevada importancia que tuvieron en su momento los mecanismos y aparatos que nos ocupan. Tampoco es nuestra intención profundizar en la historia de la medición del tiempo y todos los conocimientos y avances mecánicos y científicos conseguidos en este campo a lo largo de miles de años, sino solamente, señalar la trascendencia de los mismos.


Las primeras mediciones temporales surgen de la precisa observación de los astros y especialmente de la identificación en los mismos de movimientos regulares y repetitivos. Conceptos tan simples como el día/noche, las fases de la luna, las estaciones, o más complejos, como los diferentes ciclos de los astros, introducen al hombre en el análisis del tiempo, seguramente guiado por una habilidad innata evolutiva basada en la predicción/anticipación. La mera predicción de los ciclos futuros y el conocimiento de sus características físicas y duración permitirían una mejor adaptación del individuo a su entorno.



De esta manera surgen, hace aproximadamente 4.000 años, las primeras manifestaciones físicas cuya disposición viene determinada por la observación astronómica en la Europa prehistórica megalítica, tales como "Stonehenge". Dichas instalaciones resultaban ser complejos calendarios empleados para predecir la llegada de las estaciones y ciertos eventos naturales tales como los solsticios o equinoccios, fechas utilizadas con marcados fines religiosos o mágicos en esas culturas primitivas.


Paralelamente, en Egipto y Mesopotámia se desarrolla el sistema sexagesimal, que se asociaría a la medición del tiempo, sistema, que con sucesivos ajustes y correcciones, perdura hasta nuestros día (especialmente para mediciones de tiempo y de grados). En dichas civilizaciones ya se conocían los relojes de sol y se utilizaban para complejos y precisos cálculos tales como la orientación de las pirámides y templos. Es en Egipto donde se divide el día en 24 horas y el año en 365 días.



Con el desarrollo de estos conocimientos aparecen diferentes sistemas de medición y calendarios que no pretenden otra cosa que sistematizar y avanzar en la comprensión del transcurso o devenir del tiempo, tanto como elemento que sistematiza el futuro como elemento de documentación de las épocas ya pasadas.


El paso siguiente sería la construcción de mecanismos y aparatos que permitieran la simulación o réplica de los eventos regulares de los astros o de la propia naturaleza.

Con este importante objetivo aparecen los primeros mecanismos: relojes de arena, de agua (clepsidras) o de fuego.



A finales del siglo XIII aparecen los primeros relojes con maquinarías totalmente mecánicas, siendo, por lo general, conjuntos de gran tamaño y complejidad, instalados en iglesias y campanarios. Como un particular avance en el sistema de regulación del movimiento del reloj mecánico aparecen los primeros relojes de péndulo a finales del siglo XVI.



Por otro lado, los avances científicos y tecnológicos a lo largo de los siglos venideros permitirían una significativa reducción del tamaño de los mecanismos hasta conseguir su portabilidad, primero como relojes colgantes (siglo XVI), de bolsillo (siglos XVII - XIX) y más tarde como relojes de pulsera (inicios del siglo XX).



A partir de ese momento se universaliza su uso, convirtiéndose en un instrumento imprescindible en la vida cotidiana de cualquier persona a lo largo del siglo XX, ya que hasta entonces los relojes eran instrumentos muy caros con un uso reducido a aplicaciones específicas.




Ya a finales del siglo pasado, se consigue una nueva evolución, determinada por la aparición de los osciladores de cuarzo, lo cual significó, a la vez que una importante novedad, una amenaza real para la industria relojera mecánica tradicional, que tuvo dificultades para competir con esta nueva tecnología especialmente precisa y unos costes de fabricación mucho más reducidos.





Como recordatorio final señalar dos hechos históricos vinculados con diferentes modos de transporte y que fueron claves en el desarrollo de la historia de la relojería:


1/ Por un lado las mejoras en la precisión y portabilidad de los mecanismos empleados (a lo largo del siglo XVIII) habilitaron su uso como relojes marinos de alta precisión (cronómetros) capaces de, mediante el cálculo de la longitud, implementar precisos sistemas de posicionamiento y navegación marítima. Este hecho supuso una importante revolución que facilitó la seguridad en la navegación, el descubrimiento de nuevas rutas y la final evolución del comercio mundial como auténtico motor de desarrollo económico y cultural.



2/ En otro orden de cosas, a mediados del siglo XIX el uso del reloj no estaba universalizado y además cada ciudad o población establecía su hora local en función de su posición respecto al sol. La llegada del ferrocarril como nuevo modo de transporte y la mejora de su operatividad y seguridad, provocó que las ciudades y países unificaran su hora local respecto al sistema referido al meridiano de Greenwich (hora GMT).De esta manera, se estableció la unificación de horarios (mediante diferentes zonas o usos horarios en función de su longitud) en todo el mundo y la medición del tiempo se extendió como una nueva necesidad para la ciudadanía. Dichas convenciones han perpetuado hasta nuestros días.


Por otro lado, a lo largo del siglo XX y vinculada con la actividad deportiva y científica se desarrolla una carrera por la precisión en la medición de eventos. Desde el segundo a la milésima de segundo mediante mecanismos mecánicos, electromecánicos y con elementos químicos de oscilación electrónica.




Es en esta "batalla" donde la marca suiza HEUER logró destacar con numerosas patentes y una amplia gama de modelos específicos. Sus avances y tecnología fueron referencia en innumerables acontecimientos deportivos, desarrollos científicos y especialmente en el mundo del automovilismo y la Fórmula 1, donde fue líder indiscutible entre 1960 y 1980.







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